viernes, 16 de enero de 2026

EL MAL EJEMPLO DE LA ADMINISTRACIÓN

El mal ejemplo de la administración: edificios públicos sin mantenimiento y una ley que solo se exige al ciudadano

Por Miquel Àngel Delgado, Arquitecto Técnico

La normativa es clara: los edificios deben mantenerse. El Libro del Edificio, los planes de mantenimiento y las inspecciones periódicas no son recomendaciones, sino obligaciones legales. Sin embargo, basta con pasear por cualquier ciudad para comprobar una realidad incómoda: muchos edificios de la administración pública no cumplen aquello que se exige a los particulares.

Fachadas degradadas, cubiertas en mal estado, filtraciones, instalaciones obsoletas o cerramientos provisionales que se eternizan. Todo ello en edificios que deberían ser ejemplo de conservación, seguridad y buena gestión.

📘 El Libro del Edificio: obligatorio… para algunos

A los propietarios privados se les exige disponer del Libro del Edificio, conservarlo, actualizarlo y seguir las pautas de mantenimiento que contiene. Se les advierte —con razón— de que mantener es más barato que reparar, y de que la falta de conservación puede derivar en responsabilidades legales.

Pero ¿qué ocurre con los edificios públicos?
En muchos casos, el Libro del Edificio existe solo el día de la recepción de la obra. Después, se guarda en un cajón, no se actualiza y no se aplica ningún plan de mantenimiento sistemático.

La ley es la misma, pero la exigencia no.

🏛️ Edificios que se dejan envejecer

Escuelas, institutos, centros cívicos, polideportivos, edificios administrativos… Muchos de ellos funcionan durante años sin mantenimiento preventivo, esperando a que aparezca el problema grave: una gotera, un desprendimiento, una avería importante o una inspección que obliga a actuar de urgencia.

Se actúa tarde, mal y caro.
Lo que podría haberse resuelto con revisiones periódicas acaba convirtiéndose en obras de emergencia, adjudicaciones rápidas y presupuestos muy superiores a los que habría requerido una conservación adecuada.

💸 La gran diferencia: quién paga

Aquí aparece la única diferencia real entre un edificio público y uno privado:
las reparaciones de los edificios públicos las pagamos entre todos.

Cuando una comunidad de vecinos no mantiene su edificio, los costes recaen sobre los propietarios. Cuando es la administración quien no mantiene, el sobrecoste se socializa.

No hay una repercusión directa, ni un responsable claro, ni una penalización real por la falta de previsión.

El mensaje implícito es peligroso:
si la propia administración no mantiene sus edificios, ¿con qué autoridad moral exige al ciudadano que lo haga?

👷 El arquitecto técnico, también ausente

En la mayoría de edificios públicos no existe una figura técnica responsable del mantenimiento continuo. El arquitecto técnico aparece para redactar un proyecto de reparación cuando el problema ya es evidente, pero rara vez para planificar, revisar y prevenir.

Se confunde gestión con mantenimiento, y administración con conservación. El edificio envejece sin control técnico, sin seguimiento y sin criterio profesional.

🧱 Mantener no es un gasto, es una obligación

La administración debería ser la primera en entender que el mantenimiento:

  • alarga la vida útil de los edificios,
  • reduce el gasto público a medio y largo plazo,
  • mejora la seguridad de los usuarios,
  • y da ejemplo a la ciudadanía.

No se puede exigir cultura del mantenimiento mientras se practica la cultura de la reparación tardía.

El mantenimiento no es una opción ni un lujo.
Es una obligación legal, técnica y ética.
Y quien legisla debería ser el primero en cumplir.

Etiquetas: mantenimiento, edificios públicos, libro del edificio, arquitectura técnica, conservación, administración pública

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